El sistema educativo argentino atraviesa uno de sus momentos más críticos en las últimas décadas. De acuerdo con el último informe del Observatorio Argentinos por la Educación, la matrícula en escuelas públicas cayó un 6% en los últimos tres años, mientras que el sector privado creció un 4%, impulsado por familias que buscan mayor estabilidad en el calendario escolar. Las repetidas interrupciones por conflictos salariales, sumadas al deterioro edilicio y a la falta de recursos, profundizan la desigualdad educativa entre regiones.
Los resultados de las pruebas Aprender 2024 reflejaron un retroceso en lengua y matemáticas en los niveles primario y secundario. El 44% de los alumnos no alcanzó los niveles mínimos en comprensión lectora, y el 60% mostró dificultades en resolución de problemas matemáticos. Especialistas señalan que la pérdida de horas de clase, la falta de capacitación docente y la escasa inversión en materiales didácticos impactan directamente en el rendimiento académico. En algunas provincias, las clases presenciales se redujeron a menos de 150 días efectivos al año.
La brecha digital, que se había evidenciado durante la pandemia, sigue siendo un problema estructural. Según datos del ENACOM, uno de cada tres estudiantes en el norte argentino no tiene acceso estable a internet en su hogar, lo que limita el aprovechamiento de las herramientas tecnológicas. Aunque el Gobierno relanzó el plan Conectar Igualdad, la distribución de computadoras y la conectividad escolar avanzan lentamente. Las organizaciones educativas reclaman una política integral que combine infraestructura, conectividad y formación digital docente.
En el plano docente, los gremios mantienen una fuerte disputa con las autoridades nacionales y provinciales. La pérdida del poder adquisitivo del salario docente supera el 30% en términos reales desde 2023, según el Centro CIFRA de la CTA. Los paros y movilizaciones son frecuentes en al menos diez provincias, lo que genera tensiones con las familias y pone en riesgo la continuidad del ciclo lectivo. El Gobierno propuso una paritaria nacional escalonada, pero los sindicatos reclaman una actualización automática vinculada al índice inflacionario.
El deterioro de la infraestructura escolar es otro factor alarmante. El 40% de las escuelas públicas necesita reparaciones urgentes, de acuerdo con un relevamiento del Consejo Federal de Educación. Faltan calefacción, sanitarios adecuados y materiales básicos en numerosos establecimientos, especialmente en zonas rurales. En contraste, algunos distritos avanzan con proyectos de escuelas técnicas y programas de doble jornada, pero la implementación es desigual y depende de la disponibilidad presupuestaria local.
De cara al próximo año, el sistema educativo enfrenta el desafío de recuperar la confianza social y mejorar los resultados de aprendizaje. Los expertos coinciden en que será clave aumentar la inversión educativa —hoy por debajo del 5% del PBI—, fortalecer la formación docente y garantizar condiciones dignas de enseñanza. Sin una política sostenida y federal, advierten, la crisis educativa podría convertirse en un obstáculo estructural para el desarrollo del país.




